miércoles 2 de diciembre de 2009

Comenzar

Intentaré hacer a partir de estos días un artículo semanal. Puede ser que la mayoría de las veces lo que escriba no sea tan bueno, pero si uno se pusiera a refinar cada escrito que hace, simplemente no publicaría nada nunca y castraría la posibilidad de la retroalimentación. Sirva esto como un entrenamiento para alejar la torpeza de mis letras y como una ventana para arrojar un poco de luz a mi cabeza.

Embriaguez.
El tema de las drogas ha sido siempre polémico. Me parece que las posturas más conservadoras y las más liberales responden a consideraciones éticas de naturalezas extremas pero que, como todos los extremos, se tocan. Las éticas que niegan cualquier beneficio de las drogas -y que llaman drogas sólo a aquellas que implican la inmersión de quien la consume en un estado de embriaguez que en algún punto tiene un efecto desencadenante de placer- suelen provenir de tradiciones confesionales y de la biofilia que considera que cualquier cosa capaz de causar daño al cuerpo y a la vida misma debe ser repudiada. Estas posturas no son humanistas por un par de razones: primero, aspiran a la limpieza y aún a la resistencia del ser humano a los placeres de naturalezas más "bajas", osea, no consideran a la naturaleza humana como base para buscar, a partir de ella, caminos más felices, y segundo, porque la biofilia debería, para ser consecuente, centrar su foco en la atención de problemas que dañan la vida de modo más grave. Deberían fijar su atención en el hambre y las guerras civiles -ambas amenazas graves para la vida- antes que en las drogas placenteras, sólo por poner un ejemplo. Éticas muy ilusas de santos y no de hombres.

Por otro lado encontramos éticas liberales que reivindican la libertad en su sentido negativo, o sea, la libertad para ellos debe ser entendida como independencia -no depender en nada del otro- y no como autonomía -formar uno sus propios límites y pautas conductuales-. Diré que estas éticas tampoco son humanistas porque los límites inexistentes o demasiado amplios que tienen y la afirmación que ellas hacen de la libertad como absoluto, terminan por conducir a su negación: las drogas en excesos tremendos hacen fallar esto o aquello que antes servía para ponderar y decidir. Pero tienen estas éticas una virtud que no tienen las otras, y es que toman en cuenta que la intoxiación y la embriaguez han sido una necesidad universal, tan vieja como el hombre mismo. He recordado ahora un documental que mostraba changos intoxicándose con el veneno de unas arañas que los hacía alucinar u otros tomando frutas fermentadas para emborracharse, gatos oliendo flores que les despertaban comportamientos sexuales orgiásticos y cosas por el estilo. Necesidad universal sin duda. Reivindicarlo así nada más sería, sin embargo, hacer notar que esta es una ética de changos y no de hombres.

Pero dije que ambas concepciones se tocaban. Explico que los santos y los changos tienen en común varias cosas: su falta de humanidad por razones de superioridad o inferioridad, la ausencia de posibilidades de hacer sensibles y artísticas las manifestaciones de placer, el repudio o la ignorancia de la libertad y la irrelevancia -que unos atribuyen y que los otros seguro asumen porque no saben historia- de la existencia física en el continuo del tiempo.

Seguro que drogarse y beber con límites claros -permanecer con conciencia, conservar habilidades para deshacerse de peligros potenciales, guardar un mínimo de dignidad y de discreción respecto a asuntos demasiado delicados- es ser virtuoso. Pero como sociedad más que satanizar deberíamos educar en esos comportamientos y virtudes. Después de todo la de la embriaguez es una necesidad universal, en serio. En la forma de satisfacerla podremos hallarnos más o menos humanos.

¿Condena social, intolerancia e ilegalidad? Pura hipocresía.
Hay que tolerar, educar y legalizar. Todo de una vez.

martes 27 de octubre de 2009

Palabras del corazón

Quiero ver qué otra madrugada fantasma vienes por aquí.
Yo he nunca de decirte que te extraño
O que te quiero
O peor.

Vengo a verte y ver al tiempo aunque no sea nada lo que hago.
Sino platicar tu ausencia. Y engañar a mis palabras.
Con las tuyas
Dulzura.
Embriaguez
Mis palabras.
Engañarme y engañar las tuyas. Y robarnos a letras.
Amarnos y revolcarnos en lugares comunes. Amor, Cielo, Corazón.


Mandatos: palabras de amor.

(si me conocen reconocen el danzón y la pequeña novela)

sábado 12 de septiembre de 2009

"A mis
Viejos
Maestros
De marxismo
No los puedo
Entender:
Unos están
En la cárcel
Otros están
En el
Poder"

Efraín Huerta, "Desconcierto" citado por Barry Carr

miércoles 9 de septiembre de 2009

Obs

Me he dado cuenta estos últimos días que todos creen que su director de tesis es el mejor de los profesores de la facultad.
También me di cuenta que de esos todos sólo yo tengo razón. Je.
La verdad que puras sorpresas buenas con ese don Manuel Villa Aguilera.

jueves 27 de agosto de 2009

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Yo creo que tres condiciones necesarias -no sé si suficientes- para que haya en México una revolucióin son:
Que asesinen a López Obrador
Que México no califique al mundial
Y que siga el alza de alimentos otro medio año.

Además, claro, de la por todos sabida división de las élites.

domingo 16 de agosto de 2009

Prisa

Creo que siempre he vivido con prisa.
Prisa de terminar los libros de texto de primaria, de dejar de utilizar libros para niños y leer novelas.
De conocer comidas y saborear mujeres.
Prisa de aprender y de andar. De beber y beber y probar y probar hasta donde mis prejuicios (acumulados por error, arrastrados entre las patas de los conocimientos adquiridos con prisa y a veces toscamente ) me dejen.
Prisa de dejar la adolesencia que pocas cosas muy buenas deja -aunque las deja- y que en personas que llevan calma luego dura hasta los 40.
Prisa de terminar mis estudios y comenzar mi carrera, de dejar atrás el nivel de mis clases mediocres y de nadar en el mundo de las excepcionales.
La verdad sí, sí que tengo prisa.

No sé por qué.

sábado 15 de agosto de 2009

Mi colonia

Unos vecinos pasan a las 3 a.m. en frente de mi casa para divertirse viendo a su perro provocar a los míos.
En la calle de mi abuela viven conocidos delincuentes que como fluido en jeringa de pascal se esparcen por la colonia fundando sus propias bandas.
En la escuela en la que estudié también estudian hijos de delincuentes conocidos (o por lo menos conocidas son su fechorías).
Arriba, en unas canchas muy cerca del cerro fueron a tirar, en frente de casa de su madre, a la persona que quiso asaltar a un general del ejército y resultó muerto por la aventura.
Mi calle está cerrada por un par de inflables que se usan para festejar a unos niños de quién sabe qué tierna edad.
Hoy vi pasar un camaro 2010 y una Hummer H2 por mi calle y no vivo en Las Lomas ni nada parecido.
Quizá sí es una colonia de empresarios emergentes, jóvenes prósperos y trabajadores independientes, cada vez más. Pero cada vez menos lícito. Es el cerro de la estrella.